(+34) 971 35 60 30

info@impulsmenorca.com

LA ARTICULACION SACROILIACA

Una fuente de dolor lumbar infra-diagnosticada

¿Qué es la articulación sacroilíaca?

Se trata de la articulación formada entre el sacro, hueso que forma la parte final de la columna y el ilíaco, hueso de la pelvis que constituye a su vez parte de la cadera. Así pues se puede decir que la articulación sacroilíaca (ASI) constituye el puente entre la espalda y las piernas, distribuye el peso corporal y una de sus principales funciones es absorber el impacto energético durante la marcha.

Es una de las articulaciones más potentes de nuestro organismo gracias a un conjunto de ligamentos que le confieren estabilidad pero también flexibilidad como es el caso del trabajo de parto o durante los movimientos de rotación de la columna.

 
 

¿Cuáles son las causas del dolor a nivel de la articulación sacroilíaca?

El dolor sacroilíaco es más frecuente de lo que se piensa, incluso suele ser infra-diagnosticado, alrededor de 10-30% de las lumbalgias proviene de esta articulación y es la principal causa de dolor lumbar en los pacientes operados de columna (como se muestra en la imagen) alcanzando una frecuencia de hasta el 50% de los casos.

 

Es importante distinguir dos conceptos: sacroileítis y disfunción de la ASI, el primero se refiere a inflamación y en raras ocasiones a una infección de la articulación. Por ello es importante una valoración médica en caso que se acompañe de fiebre o dolor lumbar persistente y que no cede a tratamientos convencionales para descartar patologías que requieran tratamiento adicional.

Existen muchas causas de dolor sacroilíaco, en la siguiente tabla se nombran las más importantes:


¿Qué es la disfunción sacroilíaca y como se diagnostica?

 

 

El principal síntoma de la disfunción sacroilíaca es el dolor lumbar y puede ser provocado por un exceso o defecto de movilidad (hipomovilidad e hipermovilidad).

Cuando el dolor es causado por un exceso de movilidad se localiza a nivel de la nalga e irradia hasta la ingle, en los casos de hipomovilidad el dolor también se sitúa en la nalga, pero esta vez irradia por la parte posterior del muslo pudiendo llegar hasta el tobillo. Es en este último caso cuando la lumbalgia debida a la disfunción sacroilíaca puede confundirse con una ciática y llevarnos a un error en el diagnóstico.

A continuación se muestra unos mapas de las zonas donde se puede irradiar el dolor por disfunción de la ASI para que el paciente pueda identificarlos mejor.

 

 
 

Diagnóstico de la disfunción sacroilíaca

Debido a la complejidad estructural de la ASI, a la poca movilidad que posee y a la ausencia de anormalidades anatómicas observables radiográficamente, realizar un diagnóstico de disfunción de la ASI no es fácil y por lo general los pacientes tardan meses o años.

Se basa en una correcta y completa historia clínica acompañado de un examen físico minucioso en el que se incluyen las pruebas de simetría, movilidad y las maniobras de provocación de dolor, como se muestra en la siguiente figura.

 

Según recientes estudios la combinación de una buena historia clínica y al menos 3/5 maniobras de provocación positivas tiene una alta sensibilidad y especificidad.

Sin embargo la única forma fidedigna de confirmar el diagnóstico es la infiltración de la articulación, que se puede realizar con un ecógrafo o con fluoroscopia (rayos X).

Por lo tanto las pruebas complementarias como radiografías, TAC incluso la resonancia magnética no son útiles para hacer el diagnóstico de la disfunción de la ASI. Si bien el uso de la ecografia puede detectar alteraciones en los ligamentos que recubren la articulación ya que la causa más común es de origen extra articular.

 Imagen radiológica que muestra la diferencia de longitud en los miembros inferiores.
 

En ocasiones se pueden solicitar radiografías para medir la diferencia de la longitud de las piernas y la resonancia magnética para descartar sacrolileitis o cualquier proceso inflamatorio o infeccioso, lo último tras valoración médica que genere sospecha de alguna patología.

¿Cómo se trata la disfunción sacroilíaca?

El tratamiento de la disfunción sacroilíaca es principalmente conservador como parte del primer escalón de tratamiento y con frecuencia requiere de un manejo multidisciplinar, es decir, diferentes disciplinas sanitarias trabajando en conjunto. Sin embargo establecer un diagnostico lo más preciso posible es la clave para su tratamiento como también evitar que se cronifique prestándole atención a tiempo.

El tratamiento conservador debe incluir medicamentos Antiinflamatorios y reposo relativo en la etapa aguda. En cuanto el dolor haya disminuido, comienza el trabajo del fisioterapeuta para intentar restituir la normalidad mecánica, que incluye: técnicas de medicina manual, estabilización pélvica a través de ejercicios para obtener control postural dinámico, corregir los desbalances musculares que originan anormalidades en la marcha y reforzar el equilibrio del tronco y las extremidades inferiores.

 

En caso de existir una dismetría de miembros inferiores (alteración en la longitud de las piernas), es muy importante la valoración por parte de un especialista en podología por si fuese necesaria la prescripción de soportes plantares (plantillas) que consigan corregir esta anormalidad que por cierto, es bastante frecuente.

 

 

En un segundo escalón nos encontraríamos con las infiltraciones o bloqueos por parte de un médico especialista con entrenamiento específico en técnicas intervencionistas. Su objetivo es diagnosticar y controlar el dolor, ya que en ocasiones el paciente sufre una intensidad del dolor tan severa que no consigue alivio con el tratamiento conservador, incluso en ocasiones no consigue completar el primer escalón de tratamiento debido a la falta de tolerancia por dolor.

Existe un amplio rango de infiltraciones posibles a nivel de la ASI dependiendo de su causa, desde anestésicos locales con o sin corticoides hasta plasma rico en plaquetas y proloterapia.

 
 

En un tercer escalón de tratamiento nos encontramos con las técnicas intervencionistas en dolor más avanzadas, que incluyen la radiofrecuencia (rizólisis) de los nervios encargados de trasmitir la sensación dolorosa a nuestro cerebro. Se trata de un procedimiento no tan complejo y que no requiere ingreso, pero debe hacerse obligatoriamente en un quirófano por la necesidad de usar ayuda radiológica.

En un cuarto escalón se encuentra la cirugía, destinado a los casos rebeldes en los que todas las medidas posibles han sido ineficaces. Consiste en fijación de la articulación mediante tornillos para evitar la hipermovilidad.

Conclusiones

La disfunción de la articulación sacroilíaca es una causa frecuente de dolor lumbar, glúteo e inguinal tanto en hombres como mujeres, genera gran discapacidad pero sobre todo tiende a la cronicidad y esto se debe básicamente a la falta de conocimiento de esta patología.

Su correcto y temprano diagnostico ayudan a que el tratamiento sea efectivo siendo supremamente importante el manejo multidisciplinar e integral del paciente ya que todos los casos no son iguales y su tratamiento tampoco lo es.

En IMPULS contamos con un equipo de profesionales sanitarios de diferentes áreas que trabajan en conjunto y que precisamente en la disfunción sacroilíaca resulta ser primordial. Para cualquier inquietud no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Dra. Sabina A. Cordoba Holt MD, EDPM, FIPP.

Especialista en Anestesiología y Reanimación

Máster en tratamiento del dolor

European Diploma in Pain Medicine

Fellow of Interventional Pain Practice

Más entradas

categorías del Blog